Salamandra nocturna

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martes, 14 de agosto de 2012

Farmacología de Velázquez

Título original: Farmacología básica y clínica

Año de nacimiento: 1930

Autor: VVAA

"El sentido primario de "terapéutica" no es el de tratamiento, sino el de cuidado (de ahí que una palabra derivada de la misma raíz, therapaina, signifique en griego esclava). y este cuidado no está básicamente relacionado con la medicna sino con la religión. Therapeuo designa el cuidado que presta un sirviente, los honores tributados a un dios o a un personaje importante y, sólo en última instancia, el cuidado de un enfermo. Este último es el sentido que tiene en la tradición hipocrática, en la que, sin embargo, siguió distinguiéndose entre therapeuo (tratar o ayudar al enfermo) y iaomai (tratar médicamente). Diríase que con el primero se quiere significar especialmente el cuidado humano del enfermo, en tanto que con el segundo se hace referencia a la ayuda médica técnica"

Con estas palabras dedicadas a la etimología empieza el Velázquez, particular y arduo infierno para todos los estudiantes de Medicina de varias universidades. Entre ellas se encuentra la de Valladolid, en la que imparte clase su emérito discípulo, esperpéntico personaje y odiado profesor: Alfonso Velasco.

Genio, loco y capullo a partes iguales, en sus clases (en las que se debe estar "como en misa antes del Concilio Vaticano II") tan pronto habla de las propiedades de un fármaco, como escribe su composición química ("vergonzosamente sencilla") en la pizzarra, habla de la historia de las zonas geográficas donde crece la planta de la que se recolecta, o decide contar chascarrillos médicos sobre cierto célebre ginecólogo vallisoletano.

Erudito, más que medio ciego y soberbio cual Lucifer, menciona más médicamentos obsoletos que vigentes y al escucharle puedes imaginar que estás oyendo al mísmisimo Paracelso hablar de remedios alquímicos (semilla sagrada, jarabe de ipecacuana, aloe vera). Es el "último gran enciclopedista de la farmacología española", fascinado por los venenos, por el efecto de los más variados fármacos inyectados en el pene de ratones (algunos de los cuales producen "erecciones que más quisieran algunos de ustedes") y por el sacrificio anual de conejos en nombre de la docencia, ahora mismo estará en su despacho, inaccesible  a Agosto y a la felicidad, escribiendo incansable en su Olivetti y esperando a la nueva camada de estudiantes a los que despellejar.

Adios Velasco, yo ya he aprobado.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La Peste

Título original: La peste

Año de nacimiento: 1947

Autor: Albert Camus


Hay siempre un momento en la historia en el que quien se atreve a decir que dos y dos son cuatro está condenado a muerte. Bien lo sabe el maestro. Y la cuestión no es saber cuál será el castigo o la recompensa que aguarda a ese razonamiento. La cuestión es saber si dos y dos son o no cuatro.





Esta novela es un elogio al médico. Al médico entendido como hombre mortal enemigo de la muerte, en todas sus facetas. La muerte como enfermedad, como presidio, como tedio, como ignorancia, como odio. La muerte como un miasma que habita cada suspiro y cada beso, como una infección que es imposible no transmitir, como un microbio que es imposible no incubar. La muerte es la peste.

Por ello, la labor del médico es infinita y está abocada al fracaso. Pero eso no la hace menos esencial. Las obligaciones no entienden de posibles e imposibles. El médico debe persistir en su ahínco curativo, aun estando exhausto y ahíto de muerte. No debe caer y rendirse a ella, no debe adorarla como algunos hacen. Es un guerrillero de la vida que debe defender cada centímetro de corazón y cada latido de senda.

Todo hombre está llamado a la Medicina, pero entre los que oyen la llamada algunos llevan bata y otros no.


Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos.

lunes, 7 de febrero de 2011

Del amor y otros demonios.

Autor: Gabriel García Márquez
Año de nacimiento: 1994
Lugar de nacimiento: Macondo.





Los troncos de los cabellos le brotaban como burbujas en el cráneo rapado, y se les veía crecer.









Yo escuché el corazón de Sierva María croar como un anfibio en celo. Yo sentí su alma de salamandra envuelta en una melena de llamas. Yo entreví los múltiples demonios que habitaban en su sangre, que era como un rojo jugo de jungla.

De no ser por su pelo, nada sabría de su vida. Pero en cuanto entré en su habitación, cada uno de sus rubios cabellos clamó un sugundo de su historia, implacables. Parecían un coro de libélulas retorciéndose, conjurando un hechizo en el idioma corporal de los insectos.

Y así, en un instante, se me reveló con una sola imagen toda la historia de aquella desgraciada niña.

Supe que mamó leche negra plagada de fuerzas ignotas y eso le permitió ver los espíritus que pueblan cada piedra y cada fibra de este mundo embrujado. Supe que ningún blanco la entendía, porque su mente hablaba yoruba y su lengua se negaba a pronunciar en cristiano otra cosa que no fueran mentiras. Supe que tenía más fuerza para amar y para vivir que cualquiera de nosotros, y supe que eso la mataría.

Me llamaron para curarla de la rabia, pero el mal que la aquejaba era muy distinto y no era suyo, sino del resto. Nada pude hacer para salvar su vida, ya que otros andaban demasiado empeñados en salvar su alma y su honra.

El eclipse sería su marca y su signo, pues habría de alcanzar el cénit en el ocaso.

Que todos los demonios la acojan en su seno.


Fdo: Abrenuncio de Sa Pereira Cao.